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DEL ESPLENDOR A LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN EN LOS DÍAS DE YESHUA

Leemos en Lucas 21:20 "Pero cuando viereis a JERUSALÉN rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado". Está fue la sentencia de juicio y destrucción de Yeshua sobre la ciudad de paz del primer siglo. 

 

La "ciudad santa" tuvo su apogeo y su período álgido entre el año 1 y 33 a.C. Jerusalén era "una gigantesca metrópoli", sede de una joya arquitectónica de fama mundial del primer siglo, reconstruida recientemente: el Templo judío en aquella época. Era una urbe próspera, cosmopolita, y era el orgullo nacional de Judea. Era como el vaticano esa ciudad de procesiones y peregrinaciones internacionales de la época. El mismo Yeshua se fue a peregrinar a Jerusalén Mateo 24:1-3 a los edificios del templo, ¿Veis todo esto? No quedará piedra sobre piedra que no sea derriba. Una alusión a una destrucción total. 

 

Lucas nos informa que la familia de Yeshua/Joseph/Miriam "todos los años" subían a Jerusalén para celebrar la Pascua. El adolescente Yeshua de Nazaret de 12 años conoció la ruta y calzada romana hacia la entrada inferior del Templo judío. Se le vió en el Templo sentado en profunda discusión con los doctores de la ley judía. Desee los 12 años Yeshua conoció el Templo/Jerusalén. Conoció una de las urbes más importantes entre Alejandría y Damasco, con una población de 80.000 habitantes. 

 

Durante las fiestas de Pascua, Sucot (la fiesta de las cabañas) y Pentecostés, los judíos estaban obligados a hacer sacrificios en el Templo y, acudían a la ciudad entre 100.000 y 250.000 peregrinos de todas partes de la Palestina imperial romana del primer siglo. Los peregrinos subían con las carretas de bueyes que transportaban grandes losas de mármol y piedra caliza. Jerusalén continuamente en obras era construida. El ruido de la construcción, se mezclaba con los balidos y berridos de los animales para sacrificio que se vendían en los puestos ambulantes. En la parte alta de la ciudad vivían las familias de los sacerdotes levitas encargados de los altares para sacrificios, acatando las leyes judías, con esplendor romano. De esta zona alta fue que los discípulos en Marcos 13:1 se admiraban de las piedras y apartamentos de edificios. Además de la majestad del palacio de los gobernantes y sumos sacerdotes del templo y ancianos de la ciudad.

 

¿Qué estaba pasando? Todos estaban viendo el gran renacimiento de la ciudad bajo el reinado de Herodes el Grande, desde el 37 A.C. hasta el 4 A.C. Herodes el Grande fue medio judío, se casó diez veces y no tuvo la confianza de sus súbditos judíos, fue un gobernante predominante.

 

Entre el año 62/63 A.C. Jerusalén quedó bajo dominación o imperio romano, siendo el cuarto imperio de la visión de la estatura en Daniel 2. Conquistó a Grecia.  Herodes, originario de la provincia vecina de Idumea (Cisjordania) consiguió y mantuvo su puesto como Rey de los judíos, aliándose sucesivamente con el gran Julio César, Marco Antonio y el emperador Augusto

 

 

Al tomar el poder, Herodes mató a miles de personas en las calles de Jerusalén. Pero como era de la región entendía las necesidades de Judea y el difícil privilegio de ser gobernada bajo la ley judía. Como rey-arquitecto levantó grandes fortificaciones, palacios e incluso nuevas ciudades por toda Judea.

 

Herodes eligió a Jerusalén "para convertirla en una de las maravillas del mundo antiguo". Reconstruyó las tortuosas calles, las pavimentó. Creó un palacio rodeado por un foso con pintorescos jardines acuáticos. Construyó un teatro y un hipódromo. Pero la joya de oro la corona era el Templo, que inmediatamente se convirtió en el centro espiritual, económico y social de Judea, y símbolo para los judíos de toda la región.

 

El complejo de Herodes fue construido para rivalizar con Salomón, artífice bíblico del primer templo sagrado judío, que fue arrasado por los babilonios 570 años. La ley judía prohibía la ampliación del Templo más allá de las dimensiones originales del de Salomón. Pero Herodes hizo gala de su egolatría levantando una plataforma adyacente de 14 hectáreas sobre la que se erigía el templo "la más grande conocida hasta entonces" según Flavio Josefo.

 

 

El culto del Templo se concentraba en los sacrificios: un cordero para Pascua, un toro para el Yom Kippur, y dos palomas, "el sacrificio de las mujeres pobres", para celebrar el nacimiento de un niño. Antes de comprar un animal, los visitantes cambiaban su moneda extranjera, en general dracmas griegos y dinares romanos, por los shequel, o dinero del Templo.

 

La práctica común de adornar las monedas con retratos violaba el mandamiento judío contra las imágenes grabadas, por eso los shequel no tenían imágenes. para honra la no idolatría. La escalera del Atrio estaba llena de "mendigos, judíos de clase alta y gentiles de todas partes". Y en esa tarima inmensa del Atrio "Los maestros judaizantes enseñaban y los aspirantes a "profeta" daban sermones. La escalera al Atrio era la gran experiencia cultica de Jerusalén".

 

La tranquilidad y dignidad del Atrio se perdía entre el humo de las piras, los berridos de las bestias aterrorizadas, los regueros de sangre, el hedor a matadero, y la inconcebible maquinaria de una religión tribal que la riqueza había aumentado. Las peregrinaciones llegaban al Atrio entonando alegres canciones sagradas judías a la entrada del Templo. Era todo un  ambiente de riqueza y celebración. 

 

El Templo de Herodes era una gran máquina económica formidable que llenaba los bolsillos y las arcas de lo gamonales romanos como judíos, como el sumo sacerdote. De los 5 millones del país de Judea y/o ciudades judías, todos pagaban medio shequel al año como impuesto del Templo. De esos shequeles los beneficios totales eran inmensos.

 

En las tres fiestas judías con peregrinación a Jerusalén, la economía se disparaba. La ley judía requería que los animales y verduras para el sacrificio fueran "inmaculados". Para evitar que se estropearan por el camino, los peregrinos preferían criarlos en casa, venderlos, y con el producto de su venta comprar otros frescos en la ciudad sagrada. La élite judía del templo y del judaísmo viviana las anchas y a las panchas. Las casas de piedra de dos pisos, construidas alrededor de un patio interior empedrado, tenían dos baños distintos para el aseo habitual y ritual. En Jerusalén en sí no había verdaderos pobres. Había ricos y menos ricos. Los sumos sacerdotes, los aristócratas y los administradores del judaísmo eran riquísimos, pero también había gente miserable, por eso, la parábola de yeshua del rico (sumo sacerdote y lázaro (el judío miserable) era una muestra de esa diferencia en Jerusalén. 

 

 

Existía la clase media, los artesanos (como la familia de Yeshua) y pequeños comerciantes, joyeros y recaudadores de impuestos recibirían su educación, principalmente religiosa, en su sinagoga local y la de Yeshua fue en la sinagoga de Nazaret. Las mujeres se casaban en la adolescencia y a menudo pasaban por siete u ocho embarazos con la esperanza de que sobrevivieran tres o cuatro hijos. Solían administrar la casa judía. 

 

Jerusalén atraía caravanas de Samaria, Siria, Egipto, Nabatea, Arabia y Persia, que llegaban con su babel de lenguas e influencias. Dos tercios de la población era judía, pero el judaísmo era una religión conocida y respetada en el Imperio Romano, con millones de fieles por todas partes del imperio. También había un grupo grande de gentiles "temerosos de Dios" que observaban algunos preceptos fundamentales del judaísmo sin convertirse plenamente. 

 

La ciudad de Jerusalén llevaba (15) quince generaciones bajo la influencia grecorromana (desde la conquista de Alejandro Magno en el año 332 a.C.). Los padres daban a sus hijos nombres griegos y los intelectuales conocían la filosofía clásica griega. Sólo la élite de sabios y sacerdotes judíos hablaba el hebreo, mientras que el lenguaje de la mayoría era el arameo y la versión griega de la Tora era la más popular. Se supone que Yeshua se hablaba esas tres lenguas.

 

Este "modernismo" grecoromano también fue conflictivo. A los patios del Templo asomaba un edificio lleno de soldados, a modo de torre sobre el campo de una prisión. Yeshua y los demás peregrinos estaban sometidos a permanente vigilancia mientras efectuaban los ritos más sagrados de su fe. judía. 

 

Durante el reinado de Herodes el yugo romano era sobre el pago de tributos. El "no pagó" era imperdonable. Pero los judíos habían sido independientes durante un siglo antes de la conquista imperial y muchos esperaban volver a serlo. Por este motivo, sobre la esquina noroeste del Templo se levantaba una guarnición romana con 2.000 a 3.000 legionarios llamado la Antonia, que recibía su nombre de Marco Antonio, protector romano de Herodes.

 

Su presencia en el corazón mismo de la ciudad presentaba una dolorosa contradicción. Bajo la próspera superficie de la ciudad, Jerusalén era "excesivamente turbulenta". El hermoso Templo de Herodes era una horrible traición a la tradición del pueblo israelita. Herodes destruyó el Templo original y lo sustituyó por uno al estilo pomposo romano". al ver esto, varios grupos religiosos fundamentalistas judíos, "estaban desesperados por egresar a una fe pura judía y buscaba signos de redención mesiánica".

 

Las autoridades religiosas dominantes eran los saduceos de la elite del Templo; y los fariseos, respetados por su dedicación a la correcta interpretación de las leyes sagradas. Pero en la ciudad también estaban los "zelotes", un grupo nacionalista y fundamentalista militante, igual los esenios. Los esenios detestaban a los sacerdotes élite del Templo, vivían en comunidades monásticas y al parecer fueron los autores de los rollos del mar Muerto, una colección de textos antiguos en hebreo y arameo encontrados en el desierto de Judea en 1947. Todos estos grupos rechazaron el judaísmo de Yeshua por encontrar el mensaje de Yeshua peligroso, especialmente en un clima político. 

 

Durante casi todo su mandato, Herodes se las había ingeniado para sofocar de estos grupo los sentimientos contra Roma. Pero a partir de su enfermedad mortal en el año 4 A.C., y durante los mandatos de varios de sus sucesores romanos, estallaron rebeliones que fueron aplastadas con sangre. En el año 4 A.C., varios judíos, indignados por la ejecución de unos grupos que intentaron sacar un águila romana de las decoraciones del templo, apedrearon a los ocupantes desde la entrada del santuario y provocaron disturbios por toda la ciudad. El saldo final fue de 2.000 rebeldes crucificados. En el año 26 D.C., el gobernador romano ordenó a sus tropas desplegar banderas con el rostro del César cerca del templo de los judíos, aparentemente en un acto de provocación.

 

Una muchedumbre fue hasta su casa en Cesarea, y el gobernador ordenó a sus soldados desenvainar las espadas. Entonces los judíos, en un extraordinario acto de resistencia pasiva, "pusieron al descubierto sus cuellos, diciendo que morirían gustosos antes de permitir que se transgredieran las leyes judías". El impresionado gobernador ordenó arriar las banderas. Se llamaba Poncio Pilatos. 

 

Hace dos mil años, en medio de esta lucha mortal estaba el sumo sacerdote. Era el único autorizado a entrar en el templo, pero Herodes había degradado este cargo. Aún así, el sumo sacerdote ostentaba mucho poder y responsabilidades, siendo jefe del Sanedrín, el consejo cívico y religioso de los judíos, y como participante clave en las asambleas municipales.

 

Caifás, sumo sacerdote entre los años 18 y 36 D.C., tomó como afrenta personal las profecías de la caída del templo y otras declaraciones muy poco ortodoxas que hizo Yeshua. Caifás tenía buenas razones para ir en contra de un judío, que ya había causado disturbios en el Templo y que probablemente estaba urdiendo otra grandiosa entrada para el segundo día de la fiesta. Para Caifás, Yeshua era un mal presagio, un ser peligroso para el Templo, para los romanos y para los judíos. 

 

Roma guardaba la crucifixión para delitos fundamentalmente políticos. Yeshua profetizó la caída del esplendor del Templo y de Jerusalén, dijo: "No quedará piedra sobre piedra, y todas serán derribadas". Tenía razón: después de una última rebelión, los romanos a comando final de Tito, hijo de Vespasiano la invadió, mató a filo de espada, y arrasó con la Jerusalén del año 70 d.C. Hecho cumplido. Por Dr. Rey Estrada. Rector de la Universidad Preterista 70 d.C.